Breve historia de la @rrob@

Al revisar la historia, el sĂ­mbolo de arroba tenĂ­a un rol de suma importancia en el comercio durante la Ă©poca medieval. EspecĂ­ficamente, para ese momento, el sĂ­mbolo representaba un ĂĄnfora, una antigua medida que se usaba para denotar la capacidad de unas vasijas de barro en las que se transportaba todo tipo de alimentos; desde granos y cereales, hasta lĂ­quidos como el vino.

Posteriormente, los comerciantes empezaron a usar la arroba para representar la tasa de venta de sus productos. En estos casos, un anuncio de “12 uvas @ 1$”, significaba que la unidad costaba un dĂłlar y la docena un total de 12 dĂłlares. AsĂ­, el sĂ­mbolo adquiriĂł una gran importancia en el ĂĄmbito del comercio.

Con el pasar del tiempo, este el sĂ­mbolo de arroba fue dejado de lado. En particular, con el advenimiento de las mĂĄquinas de escribir, a mediados del siglo XIX, la arroba fue ignorada como parte de los caracteres incluidos.

La arroba llega al campo de la informĂĄtica

No sería hasta el año de 1971 cuando, gracias a Ray Tomlinson, un científico dedicado a la informåtica, el símbolo de arroba volvería a ver la luz. Para esa época, Tomlinson, debía resolver un problema de gran importancia. Específicamente, su misión era descubrir como conectar a varias personas entre sí mientras se encontraban programando y cada uno debía conectarse a un equipo central específico a través de una conexión telefónica y una måquina de teletipo; en pocas palabras, una måquina de teletipo era un teclado con una impresora incorporaba.

El aspecto problemĂĄtico de todo esto es que las computadoras no estaban conectadas entre sĂ­, una limitaciĂłn que el gobierno de los Estados Unidos se propuso superar al contratar a BBN Techonologies, una empresa de Cambridge, en Massachusetts, donde trabajaba Tomlinson.

Curiosamente, el proyecto para el que trabajaba Tomlinson en ese momento, giraba en torno al desarrollo de una red de comunicaciones llamada Arpanet, precursora del Internet moderno que disfrutamos actualmente.

No hay una razĂłn especial por la que se escogiĂł el sĂ­mbolo de arroba

El principal desafĂ­o para Tomlinson era cĂłmo abordar un mensaje elaborado por una persona y enviado a travĂ©s de Arpanet a alguien que estuviese usando una computadora distinta. Claramente, la direcciĂłn necesitaba del nombre de la persona y la direcciĂłn de envĂ­o, que pudiese ser usada para muchos usuarios.

No obstante, era necesario un sĂ­mbolo que separara estos dos elementos. El problema es que el sĂ­mbolo debĂ­a ser distinto a los usados frecuentemente por otros programas y sistemas operativos ya que, de otra forma, se correrĂ­a el riesgo de confundir a las computadoras.

En este caso, no habĂ­a muchas opciones; Tomlinson pensĂł en el sĂ­mbolo de igual, aunque le pareciĂł que eso no hubiese tenido sencillo. AsĂ­ mismo, considerĂł un signo de exclamaciĂłn y hasta una coma, hasta que sus ojos se posaron en un sĂ­mbolo colocado sobre la letra “p”, en su teletipo Modelo 33; como adivinarĂĄs, era el sĂ­mbolo de la arroba.

Ya con el sistema de nombres en mente, Tomlinson enviĂł un correo electrĂłnico que viajĂł desde su teletipo a travĂ©s de Arpanet, hasta llegar a otro teletipo que fungĂ­a como receptor. Justo en ese momento, la arroba habrĂ­a llegado para quedarse.

Finalmente, si bien nadie recuerda el contenido de ese primer correo electrĂłnico, nadie duda de que, gracias a este mensaje, el antiguo sĂ­mbolo de arroba, obsoleto por un momento, se consolidĂł como eje de una revoluciĂłn en el campo de la comunicaciĂłn humana, dĂĄndonos identidad en el mundo digital.

Fuente: Hipertextual